Eso que llaman Amor

Transitaba por la vida buscando amor, afirmación, una muestra genuina que confirmara que “no era insuficiente”, tener esa duda constante es un mal consejero, sobre todo si se trata de relaciones amorosas, antes no solo sabía, esta es mi historia.

Conocí a una persona especial, parecía ideal, ideal para una persona insegura como yo, le sobraba desplante, carácter y era algo que podía admirar, pensé que podía confiar y estaría segura. Al poco tiempo empezaron las preguntas, sutiles “¿quién es él?”, “¿por qué te escribe?”, no noté nada extraño, seguí pensando que solo era parte del conocernos y saber más del otro.

Con el tiempo aumentaban las preguntas, las afirmaciones de que estaba haciendo algo mal, que me escribía con alguien, que me veía con alguien, y se volvieron una costumbre los largos silencios e ignorar a cambio de que le dejara de ver o dejar de estar con alguno de mis amigos.

Los meses pasaban, y tenía un sentimiento constante de miedo, de dar motivos para otra discusión, de ver su cara cambiar otra vez y arruinar todo, esto me llenaba de ansiedad, de profunda frustración, hacía todo lo que se supone que debía hacer, y nunca era suficiente, simplemente él no lograba confiar en mí.

Una vez, me permití ver la situación desde fuera, estábamos discutiendo en un lugar público, como siempre él “tenía la razón”, y mis argumentos no tenían peso, estaba llorando otra vez, en un lugar incómodo, me sentía atrapada en un círculo vicioso, no tenía fuerzas para salir, la sola idea me derrumbaba, estaría sola otra vez, y reafirmando que no era suficiente. ¿Así se debería sentir el amor?

Me consumía un sentimiento de vergüenza, esa relación que públicamente era perfecta, en el interior era dañina, no tenía el valor de contarlo y exponer a una persona tan “superior” a mí, en parte tenía miedo, porque me sentía pequeña, como si fuera una añadidura de alguien más , aunque no me hacía bien, yo pensaba que estaba bien , no me veía capaz de ocupar un lugar diferente.

Pasaron los años, ya eran costumbre los comentarios sobre mi imagen, por cómo era, cómo me vestía, las sospechas, los enojos injustificados, los celos, esa constante desaprobación disfrazada de “desconfiar del resto no de ti”, y al principio iba buscando amor, para este punto estaba peor que al comienzo, me sentía sola y vacía, aun cuando estaba acompañada.

Finalmente me encontré en el punto de quiebre , las peleas eran cada vez más frecuentes, las reacciones más violentas, golpes a objetos que estaban cerca, manejar a gran velocidad, ignorar, ignorar e ignorar, esos silencios que eran como un cuchillo, empecé a irme. De a poco, deje de luchar por esto, empecé simplemente a dejar de dar explicaciones, me iba a mitad de la cita, y cuando llegaba a mi casa, me consumía un sentimiento de desilusión, yo había dado todo, le confíe mi cuidado a esta persona, le di mi tiempo, había estado por tres años modificando mi rutina en función de él, lo cuide cada vez que se enfermó, postergué cada proyecto para acompañarlo en los suyos, y no fue suficiente, ¿No se supone que mientras más damos debería irnos mejor?. Fue como poner todo en un saco roto.

Finalmente, pedí, a la vida, o si existía algo más, una señal para salir de ahí, y la obtuve, tomé la decisión, terminé una relación que me daba migajas de amor, y me estaba costando un precio muy alto: yo misma.

El cambio fue inmediato, experimente mucho más amor al dejar atrás esa relación tóxica, que en todos esos años. Por fin dormí en paz otra vez, se fue la ansiedad, sané, y cuando disfrutaba de verdad estar conmigo misma y mis nuevos proyectos, encontré el amor.

Autor de la foto Prostock-studio

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