Demasiado asustados para la esperanza

Paola: Nuestro resolución de año nuevo era poder concebir, eso puede sonar siempre para algunos, pero para nosotros era una gran meta. No había seguridad de que pudiese pasar.

Camilo: Las posibilidad de poder concebir a un bebé eran casi nulas. Cuando yo tenía 18 años, en una salida con amigo nuestro vehículo fue golpeado muy fuerte a un costado, haciendo que el carro volcara dejando la mitad de mi cuerpo contraminado bajo el vehículo, sufrí una quebradura en la espalda y termine paralizado desde mi pecho hacia abajo. Las parejas sufren de infertilidad por muchas razones, en nuestro caso es por mi paraplejia.

Paola: Entonces, cuando empezamos a salir y nos comprometimos, sabía que probablemente nunca podríamos tener hijos. No quería terminar decepcionada, así que nunca me dejé ilusionar. La vida no era mala. Disfrutábamos juntos de nuestra vida matrimonial y nos acomodábamos en Toronto, a donde nos habíamos mudado de Atlanta. Era natural que mi hermana mayor tuviera hijos antes que yo, e incluso estaba bien cuando mi hermana menor tuvo su primer hijo, pero cuando tuvo su segundo bebé hace cuatro años, fue cuando realmente me golpeó: realmente quiero tener un hijo. familia. Si no hago algo pronto, será demasiado tarde y no será seguro. Voy a cumplir cuarenta pronto. Pensé mucho en tener una familia, pero realmente estaba protegiendo mi corazón porque las probabilidades estaban en contra de nosotros.

Camilo: Fue entonces cuando empezamos a buscar otras opciones, como fertilización artificial. En ese momento encontramos muy buenos trabajos que nos dejaban ahorra dinero extra; el costo para una fertilización artificial llegaba casi a los treinta mil dólares. Nosotros entendíamos que tal vez nuestros ahorros de vida iban a hacer usados en algo que no iba a dar frutos.

Pensé mucho en tener una familia, pero realmente estaba protegiendo mi corazón porque las probabilidades estaban en contra de nosotros.

Paola: Sentimos que era una inversión de alto riesgo. Dinero que tal vez pudiésemos usar en el pago de nuestra primera casa. Las probabilidades de poder quedar embarazada eran muy, muy pequeñas. Pero no queríamos imaginarnos ver las paredes de una casa grande sabiendo que nunca intentamos concebir a un bebé.

Camilo: Yo me sometí a un procedimiento médico especializado para sustraer mi esperma. Tomaron tres muestras, pero los resultados no eran muy prometedores. Los especialistas notaron que solo algunos entre millones estaban vivos, y aun estos tenían poco movimiento. Nos comentaron que las posibilidades eran muy bajas, pero que podíamos tratar. El médico especialista en fertilidad nos comentó sobre un procedimiento, en el cual podían suavizar las paredes externas del óvulo y poder insertar el espermatozoide. Aun sabiendo, que nuestras posibilidades eran muy bajas; elegimos las mejores clínicas de fertilización en Toronto aun sabiendo de que era más caro.

Paola: Cuando nos explicaron el proceso que íbamos a seguir, me asusté mucho, porque me iban a inyectar muchas hormonas que iban a afectar mi cuerpo. Entonces pensé, “¿qué pasaría si paso por todo esto para nada?.” entonces esperamos otro año, entonces cuando enero llegó hicimos la resolución de quedar embarazados.

Todo inicio de un solo momento, tuve que empezar a tomar muchas medicinas que iban a hacer que aumentar el número de óvulos que mi cuerpo podía soltar. Me preocupe mucho por los efectos secundarios, pero mi cuerpo aceptó muy bien los procedimientos preparativos, llevando a mi cuerpo a producir veinte y ocho óvulos, los cuales fueron recolectados; de los cuales, diez eran de muy baja calidad, dejando solo dieciocho en óptimas condiciones; entonces, el doctor fecundó diez óvulos usando la esperma congelada y terminó congelando los otros ocho óvulos en caso el primer tratamiento no surgiera efecto. Entonces empezamos a esperar por las llamadas de teléfono.

En la primera llamada, siete de los óvulos habían muerto, dos días después se nos dijo que dos más habían muerto, y que solo quedaban dos; ya al quinto día, se nos comunicó que no había ya embriones vivos. Fue en ese entonces que toqué fondo; estaba devastada y deprimida, sin esperanza. No sabía si podía hacer el proceso otra vez.

Camilo: Ese fue el momento más oscuro para mí también, yo crecí aceptando mis limitaciones; pero en ese momento tenía que enfrentar las nueva sensación de fracaso –el saber que no era lo hombre suficiente o lo suficientemente bueno- el no poder darle la familia que ella deseaba. Ella estaba tan lastimada, triste y yo no podía hacerla feliz.

Paola: Pero no nos dimos por vencidos, entonces, probamos una segunda vez con esperma recién obtenida. En la segunda fase, yo trataba de proteger más mi corazón, evitando pensar en siquiera tener hijos. Les dije en la clínica que no me llamaran a mí pero que llamaran a Camilo; entonces tomé un vuelo para Colombia para pasar tiempo con mi familia y buscar soporte emocional. Tenía mucho miedo de escuchar malas noticias.

Camilo: Una vez que se fertilizaron los ocho óvulos restantes, yo esperé por esas llamadas de teléfono. “cinco murieron...” “dos más murieron...” “solo queda un ovulo.”

Paola: Entonces el doctor me llamó directamente, se le notaba la emoción: “este es muy bueno, de muy buena calidad.” Entonces Camilo me llamó y me dijo “tienes que regresar ya, para que puedan ponerlo en ti.”

Ya estando en Toronto, me dieron más medicamentos para que, mi cuerpo aceptara el embrión congelado. Cuando un día en Octubre llegó, observamos en una pantalla cuando ellos ponían el embrión dentro de mí útero; nosotros solo observamos pequeñas burbujas en la aguja mientras me inyectaban. El doctor nos comentó que el procedimiento de fertilización se llevaba a acabo como se esperaba, ahora dependía de mi cuerpo en aceptar y hacer que el embrión se pegara en la pared del útero. Los doctores no pueden hacer que eso pase, era de esperar tres días para ver si realmente estábamos embarazados.

Y estábamos embarazados!!

La primera semana todo iba bien, yo todavía estaba embarazada, la siguiente igual; pero se nos comentó que teníamos que esperar tres meses antes de poder decir con confianza que estábamos esperando a un bebé y comentarle a la gente.

Era de esperar tres días para ver si realmente estábamos embarazados.

Camilo: Tomábamos un día a la vez, sin tener grandes expectativas; todavía sentíamos miedo y nerviosismo; las probabilidades en ese momento siempre fue 50/50; después de cada cita, se nos decía “todavía están embarazados.” Podíamos respirar de alivio. Los tres meses se cumplían el 31 de Diciembre del 2015. ¡Nuestra resolución de año nuevo se hizo realidad en el último día del año!

Paola: Ese fue el mejor día de mi vida, fue un gran alivio y mucha alegría; aun así teníamos que tomar un día a la vez, pero esos días ya no eran tan estresantes como los de antes. ¡Nos podíamos relajar y comentar la buena noticia! Hubo muchas complicaciones durante nuestro embarazo; pero Antonia, llegó a nuestras vidas el 9 de Julio del 2016, ahora ella tiene seis meses.

El tener el soporte grupal de nuestras familias y amigos fue de gran ayuda durante nuestro proceso. Nosotros podíamos compartir nuestras esperanzas, miedos y dudas, los cuales hicieron nuestra carga más ligera. La Infertilidad puede ser una situación muy difícil de compartir abiertamente. Si tú te sientes solo individualmente o como pareja en esta lucha, has de saber que no tienes que continuar solo.

Si llenas el formulario de abajo, alguien del grupo de mentores, se comunicará contigo para acompañarte durante este proceso.