Para cuando llegué todo era agua y cenizas

Cuando mi teléfono comenzó a vibrar y el nombre de mamá apareció en la pantalla supe que algo andaba mal, ella no solía llamar cuando yo me encontraba en la Universidad, salvo que fuese algo urgente. “Nuestra casa se está quemando, no había nadie, todos estamos bien, ven pronto, ten cuidado” fue lo que pude entender, me excusé con mi grupo de estudio y me fui corriendo a tomar transporte público.

Para cuando llegué todo era agua y cenizas.

A papá su jefe lo llevó a casa desde su trabajo, mamá lloraba en shock en la casa de enfrente, todos se lamentaban por nosotros, todos se lamentaban por mi y por todo lo que habíamos perdido, papá me calmaba diciendo que estaría todo bien, que ahora solo nos quedaba levantarnos.

Cuando llegó mi hermana menor de la Universidad, nos abrazamos y lloramos. Luego fuimos a recorrer los escombros, al visitar lo que eran los dormitorios de cada uno solo quedaron los recuerdos que cargábamos en nuestras mentes, porque todas nuestras fotos, libros, instrumentos, computadores, regalos, diplomas, todo lo que nos habíamos esforzado por tener se había ido.

Ese día trabajamos hasta tarde limpiando el sitio donde estaba la casa, mis padres seguían muy impactados y triste por lo sucedido, se veían como si sus mentes estuviesen a galaxias de distancia, era evidente que no estaban en condiciones para hacerse cargo de lo que estaba sucediendo, así que, por defecto, todos depositaban la responsabilidad de tomar decisiones en mi hermana mayor y en mí, un peso que no tenía planificado llevar, menos cuando tenía que empezar a cerrar el semestre en la Universidad.

Esa noche nos trasladamos hasta el departamento de la hermana de mamá, departamento que nos recibió por tres meses, en donde solo había tres habitaciones (2 pequeñas y una matrimonial) para ocho personas, por convención a mi me tocó dormir en el piso de la sala-comedor por todo ese tiempo. El hecho de que cada integrante de la familia había perdido su espacio propio y lo tuviese que compartir para dormir había puesto los ánimos un tanto ásperos, además, como yo dormía en el lugar donde ocurrían todas las cosas, tenía que ser el último en acostarse y el primero en levantarse, esto traía muchas discusiones, ya que para poder estudiar debía esperar a que todos fueran a descansar y por más que trataba de que lo hicieran anticipadamente solo conseguía malas caras. Cada vez interactuar con mi hermana mayor era peor, ambos tenemos personalidades muy fuertes y las peleas eran cosas de cada día, por el bienestar de todos (y por mi salud mental) me fui del departamento a vivir donde algunos amigos, tenía que aprobar las siete asignaturas que tenía en ese momento si no quería perder la beca que me pagaba la Universidad, así que transitar entre distintas casas valía la pena si me permitía estudiar y despejar la mente.

A pesar de no tener una casa, no estar con mi familia, tener que ser nómada de una casa a otra, acarrear la ropa para la semana en mi mochila, sacar adelante mi carrera, tener que ayudar en la reconstrucción de la casa, entre otras cosas, nunca estuve solo, siempre me sentí acompañado, como si algo mayor estuviese conmigo a pesar de la desolación de la situación. Si bien nuestra casa se quemó hace un par de años, hoy en día hay cosas que aún debo de enfrentar en este proceso y me alegro mucho de no tener que hacerlo solo.

Autor de la foto twenty20photos

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