todo es tu culpa

“Todo es tu culpa” “No haces nada bien” “Solo destruyes la vida de los demás” “Lo mejor es que acabes con tu vida, así dejarás de hacer daño” Estas voces se oían en mi cabeza desde que me levantaba hasta que me acostaba a dormir.

Crecí en un hogar disfuncional, mis padres no se llevaban bien, aun cuando vivían en la misma casa. Nuestra vida transcurría en un campo de batalla. Mi hermano menor era también una víctima. En este mundo de peleas se fue desarrollando un sistema de culpas, donde siempre tenía que haber un culpable. La solución sencilla de mi padre fue hacerse inaccesible, no hablar con nadie, así que toda la responsabilidad cayó sobre mí y con ella la culpa.

¿Qué puedo hacer si soy culpable de las malas decisiones de otros? La culpa me iba destruyendo poco a poco, al principio luchaba contra eso, me parecía injusto; pero poco a poco me deje de quejar, comencé a decir que todo era mi culpa aunque no lo creía, solamente para no oír más discusiones; pero el punto sin retorno es cuando la acepté a nivel de no necesitar que alguien más te dijera que era culpable, sino que, simplemente lo asumí.

Muchos años luché, me dije una y otra vez “tú no eres responsable de esto”, sin embargo, hubo un día de quiebre donde todo cambió y a partir del cual me rendí ante la culpa. Un mediodía al regresar a mi casa después de mi jornada de estudio recibí la noticia de que mi hermano había sido abusado sexualmente por un amigo que yo había presentado en mi casa.

En un principio sentí rabia contra mi amigo, pero no podía hacerle nada, así que, toda la rabia la volqué luego sobre mí, ahora la culpa era mía por haberlo dejado entrar. En ese momento toqué fondo, a partir de ahí la culpa solo crecía y crecía. Comencé a sentirme culpable si estaba en casa, pero si no lo estaba también me sentía culpable. Pasé de tener problemas de obesidad a estar escuálido, perdiendo alrededor de veinticinco kilos, y esto no precisamente porque estuviera en un régimen, sino porque me sentía culpable si comía ya que sentía que estaba gastando dinero con el cual mi familia podría ser feliz. Ya para este punto estaba sumido en una depresión profunda, pero que intentaba esconder a toda costa, aunque eso requiriera que me aislara y me alejara de todas las personas. En mi mente la solución era sencilla, si me suicidaba ellos sin duda sufrirían un rato pero luego se habrían librado del que les hacía daño. Sería un sacrificio más que un suicidio.

Sin embargo, algo no me dejaba atentar contra mi vida. En vez de eso, decidí abrir y mostrar mi herida. Por primera vez en muchos años escuché un “no es tu culpa, cada quien es responsable del resultado de sus decisiones”. El proceso no ha sido fácil, todavía enfrento mis voces internas que me culpabilizan. No ha sido para nada un click mágico donde ya todo está bien, sino un paso a paso, cada avance significa transformación, y de lo que puedo tomar de todo esto, es que a través del ser vulnerable pude recibir la ayuda que necesitaba...

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Autor de la foto Ben Write

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