Encontrando esperanza

Crecí en una familia cristiana y escuché de Dios toda mi vida. Sin embargo, vivía en una casa con padres infelices en su matrimonio. Lamentablemente, esto es algo que afecta a muchos hogares y el mio no fue excepción. A pesar de que por mucho tiempo supuse que mis padres llegarían a optar por un divorcio, no estaba realmente preparada para cuando llegó el momento ni para las circunstancias en las que ocurrió.

Pasé cinco años sin ver o tener conversaciones significativas con mi padre. Él era la persona con la que mejor me llevaba y se podría hasta decir que era mi persona favorita. Claramente, al irse de casa mi mundo se derrumbó. Tenía una relación complicada con mi madre y al quedarme sin el apoyo de mi padre, sentí que también me quedaba sin gran parte del cariño que recibí alguna vez. Al mismo tiempo que esta situación se estaba dando en mi familia, recibía bullying de parte de mis compañeros de la escuela. Mis problemas del habla y mi pelo, diferente al de ellos, atraían comentarios no deseados e hirientes de su parte. Esto causó que sintiera que no era amada y querida ni dentro ni fuera de mi familia.

Mis problemas del habla y mi pelo, diferente al de ellos, atraían comentarios no deseados e hirientes de su parte.

Al empezar mis años de adolescencia, estos sentimientos y pensamientos negativos abarcaban gran parte de mi corazón y de mi mente. Por un tiempo muy corto, tome la decisión de cortarme (“self harming”) en áreas no visibles de mi cuerpo para liberar estas emociones de mi interior y experimentar un dolor fisico. Eventualmente, esto me llevó a buscar ayuda y recibí un diagnóstico de depresión intermitente y ansiedad generalizada. A pesar de que empecé a cuidar más mi salud mental una vez que comencé a aceptar ayuda, el vacío en mi corazón y esa vocecita que me hacían sentir no amada, no cesaban. Podía ver como poco a poco me alejaba de una vida con Dios y mi relación con Él se deterioraba.

Por un tiempo muy corto, tome la decisión de cortarme (“self harming”) en áreas no visibles de mi cuerpo para liberar estas emociones de mi interior y experimentar un dolor fisico.

Durante una conferencia de la cual participé una chica se me acercó y me preguntó porque podría orar por mí; no había ninguna duda en mi ser cuando le respondí que por amor. Mi manera de ver la vida se transformó poco a poco. Alrededor de este tiempo, cambié de escuela y el trato que recibí fue mucho mejor, era un entorno más agradable. Mi relación con mi madre empezó a mejorar; y mi padre y yo nos volvimos a ver. Cada vez que me siento no amada o no importante para las personas en mi vida, me recuerdo a mi misma que tengo un Dios que me ama sin importar qué y sin límites. Mi vida eventualmente puede ser caótica, pero tengo paz en medio de la tormenta.

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Estos problemas pueden ser difíciles de enfrentar. Si estás considerando dañarte a ti mismo o a los demás, por favor lee esto!