Mi vida en espera

El 26 de enero de 2009, estaba visitando a mi papá en el hospital cuando comencé a tener este tremendo dolor en la cabeza. Le dije a mi hermano que me llevara a emergencias y ahi fue cuando me quedé en blanco.

Mi siguiente recuerdo fue 40 días después en el hospital cuando mi hijo me tocó el hombro y me dijo: "Papá, te llevaré a casa hoy". Estaba realmente confundido. Había experimentado un aneurisma cerebral masivo. Con mis habilidades de razonamiento deterioradas, era mucho más difícil procesar las cosas. Era casi como un robot haciendo lo que me decían. Había perdido mucho peso y era difícil hacer cosas como subir y bajar escaleras.

Todos estaban tan preocupados por mí. Al principio pensé que mi familia estaba siendo demasiado dramática y estaba exagerando enormemente, pero pieza por pieza comencé a comprender lo serio que era realmente el aneurisma. Cuando empezaron a contarme los detalles, me di cuenta que también habían pasado por un trauma.

Mi esposa, Elma, me contó lo que había pasado: "cuando recibí la llamada de mi hija y me di cuenta que era Don quien tenía la emergencia, fui por el camino corto hacia la casa de nuestro hijo, donde encontré a una de mis queridas amigas y me desplomé en sus brazos y lloré y lloré. Ese fue mi peor momento. Estuve en completo shock durante tres semanas. A menudo les decía a los niños: “Solo dime qué hacer y lo voy a hacer”. Ellos automáticamente tomaron un papel protagónico y apoyaron a Don. Pero en esas primeras tres semanas realmente no sabíamos si lo iba a lograr. Se agitaba en su cama y tenía que ser atado. Pasó por tres cirugías cerebrales y tuvo que colocarse una derivación para tratar el líquido que rodeaba su cerebro. Fue muy duro para todos. Teníamos miedo de perderlo. O que si sobreviviera, sería diferente o mentalmente dañado".

¡Ahí fue cuando empecé a sentirme tan agradecido! Yo podría estar muerto. Los aneurismas a menudo dejan a las personas severamente desafiadas mental y físicamente por el resto de sus vidas. Incluso pueden volverse agresivos verbal y físicamente con aquellos a quienes aman. Pero me ahorraron esos efectos.

¿Y si vuelve a pasar y resulta mucho peor?

Estaba haciendo mejoras diariamente, recuperando mi movilidad y mis facultades mentales más rápido de lo esperado. Mi familia me rodeó con tanto apoyo y tuve un gran terapeuta ocupacional que hizo una gran diferencia, así como un fisioterapeuta que me ayudó mucho a mejorar mi condición física. Estaba tan agradecido por haber avanzado tan rápido en mi recuperación. Después de solo un mes volví a trabajar a tiempo parcial.

Pero todavía queda lo desconocido. Elma conoció a un hombre en el hospital que tuvo una recurrencia y sufrió una discapacidad significativa y permanente. Cuando estoy cansado o tengo tos, ella es muy vigilante para asegurarse que me cuide. Ella teme perderme si hay una próxima vez. Algunos días veo la preocupación en la cara de Elma. Claro, estoy bien, pero en el fondo siempre está la pregunta: "¿Qué pasa si vuelve a suceder y resulta mucho peor?"

Si tú o alguien a quien amas está sufriendo los efectos físicos o emocionales del trauma, realmente ayuda comunicarse con alguien. No estás solo, lo hemos enfrentado también. Si dejas tu información de contacto a continuación, alguien se conectará contigo para escuchar y ofrecer apoyo.

No tienes que enfrentar esto solo. Hable con un mentor, es confidencial.