El alivio de la verdad

La confusión empezó después de terminar mi relación con mi primer novio, a causa de una mentira que creí. Desde que recuerdo siempre me gustó el fútbol, tanto que lo empecé a jugar, era la capitana y goleadora del equipo del cole. En el ultimo año, empecé a relacionarme con un grupo de compañeros, eran muy fiesteros así como yo, uno de ellos, homosexual, era con el que más me relacionaba. Recuerdo esa tarde, cerca de nuestro salón de música, lo escuché decirme - “sos lesbiana, tenés que aceptarte”. Reaccioné de inmediato - “claro que no”.

Claramente sabía que a mi me gustaban los hombres y que ya había tenido novio, que el hecho que me gustara el fútbol no significaba que yo tuviera otras preferencias sexuales, pero empezó una confusión en mí. Terminé creyendo esa mentira que habían puesto en mi mente. Al inicio de todo el proceso pase mucho tiempo llorando, no podía entender que me estaba pasando, el daño que le iba a causar a mi familia, mis hermanos y padres, el mal ejemplo que le iba a dar a mis dos hermanas menores. Pase meses sin dormir pensando en lo malo que todo esto iba ser si no dejaba de sentir esta confusión.

Recuerdo esa tarde, cerca de nuestro salón de música, lo escuche decirme - “sos lesbiana, tenés que aceptarte”. Reaccioné de inmediato - “claro que no”.

Me sentía muy cansada, tenía mucho miedo de decirle a mi mamá lo que me estaba pasando. Recordé que la marihuana me relajaba y me hacía pensar otras cosas, así que empecé a drogarme para poder dormir y no pensar en que me estaban gustando las mujeres. Pensé que algún día iba a dejar de creer esas cosas, pero nunca fue así. Empecé a sentirme atraída a una mujer y decidí creer que era bisexual, porque aún me gustaban los hombres.

Mi mamá sabía que algo estaba pasándome pero no sabía que era, me preguntó muchas veces hasta que un día se lo confesé a ella y a mis hermanos. Ellos se preocuparon mucho pero nunca me rechazaron, mi mamá me envió a un psicólogo, pero no funcionó. No me sentía cómoda así que eso no duro mucho tiempo. Más adelante tuve otro noviazgo con un hombre, me sentía bien, pensaba que era feliz. Los dos consumíamos drogas y alcohol y fuimos muy amigos antes de ser novios, así que todo parecía estar bien. El empezó a mostrar signos de agresión, hasta que un día fuimos a una fiesta familiar. Él estaba tan borracho que me golpeó hasta dejarme inconsciente. Él pensaba que yo no lo amaba, creía que andaba con una mujer. Cuando iniciamos esa relación yo le hice saber que también me atraían las mujeres y según él eso no le molestaba, que eso no era un problema, pero ese día me di cuenta que no era verdad. Cuando recobre la conciencia mi familia estaba agrediéndolo por lo que me había hecho, entonces fue cuando el empezó a gritar que yo era lesbiana, sentí tanta vergüenza porque solo mi familia cercana en ese momento sabía lo que estaba pasando conmigo, a partir de ese día el resto de familia lo supo, ese ha sido uno de los peores días de mi vida.

Mi mamá sabía que algo estaba pasándome pero no sabía que era, me preguntó muchas veces hasta que un día se lo confesé a ella y a mis hermanos.

El fue mi último novio, nunca más tuve una relación formal con ningún hombre, solo los llamaba para salir y tener sexo. A los 21 años tuve relaciones sexuales por primera vez con una mujer, y para ser sincera, personalmente, debo decir que no fue una bonita experiencia, me dio asco, pero eso no detuvo nada. Por cinco años tuve una relación con una mujer, nunca fui feliz, nunca la valoré realmente, la humillé y le hice mucho daño por todo ese tiempo que vivimos juntas. Ella siempre fue muy buena conmigo, pero había algo que no me dejaba ser feliz. Ella soportó mucho. Le fui infiel con hombres y mujeres. Mi vida no se llenaba con nada, no era feliz con nadie, así que concluí que no estaba hecha para ser feliz. Ella me dejó, no soportó más mis maltratos, así que caí en depresión. Mi vida simplemente era muy triste, oscura, nunca veía luz por donde caminaba, no entendía por qué no podía encontrar mi felicidad, así que me consumí más en las drogas, probé casi todo y me hice adicta a la cocaína.

Durante este período de vida conocí a otra mujer, era menor que yo, tuve una relación muy larga con ella, pero siempre fue una montaña rusa emocional, al inicio hubo muchas mentiras, un tiempo todo estaba bien otro no, la mayor parte del tiempo estábamos mal. Mi adicción a las drogas traía muchos problemas, sentía que se estaba repitiendo la misma historia. Cuando yo tenía 27, tomamos la decisión de construir un apartamento, la relación estaba mucho mejor que tiempo atrás, pero aun así no era feliz.

A los 28 algo en mi vida cambio, encontré la luz al final del túnel, finalmente fui capaz de reconocer que sin duda fui creada para experimentar felicidad y plenitud, que tengo un valor muy grande en este mundo y que tengo propósito como mujer. Recobré muchas metas y sueños. Y si, uno de esos es tener una familia, un esposo que me ame y me valore por lo que soy. Así como yo encontré ayuda de alguien en el camino, tú no tienes que enfrentar esto solo.

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